El auto se alejó a toda velocidad de la escena. Había mucho humo y cenizas donde el monumento a Zapata solía encontrarse. Las personas que vivían cerca fueron acercándose poco a poco, cubriendo con sus palmas su boca, horrorizados con la imagen que se encontraba frente a sus ojos, algunos, incluso, portaban lagrimas que de deslizaban por sus caras. “Tenemos que castigar al culpable”. Gritó un hombre con ferocidad.