“Que no se, ¿qué es no tener confianza?” Susurró Felipe a su hermano. “Ellos creen que poco a poco nos vamos a convertir en una especie de zombi sin cerebro, con las bocas abiertas dentro de un gigantesco movimiento en masa. Exactamente como en las películas, y luego se asustan cuando empiezan las “señales” que indican tu próximo destino”. Felipe se puso de pie y soltó una fulminante mirada hacia el horizonte. Tomó un respiro y continuó hablando. “También hay personas que lo hacen de una forma distinta, pero esos se ahogan en soledad”.
“…sin embargo luz juana nunca se percató de eso, su padre siempre fue muy celoso con las cosas que compartía con ella.
A veces pienso que esa fue una de las cosas que la motivo a irse a vivir a otra ciudad; la libertad, el desenfreno, la aceptación social, la idea temporal de que eres parte de algo y que tienes que vivirlo a como se pueda. A mi jamás me sorprendió que ella lo intentara hacer de esa forma, es cosa que le sucede a la juventud al llegar a su etapa. A todos nos llega ese momento en algún punto, lo que nos hace diferentes es cuando tomamos una decisión, realmente ahi es donde nacen los supuestos círculos sociales. Las personas que te rodean son aquellas que también estan realizando sus decisiones de vida, y cada vez que escoges un camino te vas adentrando a un círculo diferente, uno en el que nosotros nos idealizamos y con el cual nos sentimos contentos o felices. Las irregularidades se empiezan a dar cuando alguien es forzado a entrar a algún grupo o simplemente no se acerca en el momento adecuado y le es difícil encajar”.
Eso es lo que decía en el texto del joven aprendiz de mago, quien apenas un momento atrás, había disparado en contra de su conservador maestro.
No sé porque a la gente le da miedo caminar por las noches en la ciudad. Los anuncios de neón que golpean en la cara al abordar las banquetas y calles es bastante recomfortante para alguien como el vagabundo que vive afuera de McDonalds, siempre ciego y siempre a la busqueda de dinero fácil.
Las caras anónimas de las personas que transitan por aquí. Veo el disgusto al tener que lidiar todavía con las ordenes de una difunta división de fuerzas especiales de la policía, desplegada alguna vez para combatir al narcomenudeo a gran escala. Ahora solo nos quedamos con hombres que abusan de su autoridad y quienes te envían a la cárcel en un parpadeo si se te ocurre voltear a verlos con cara desaprobativa.
Tal vez las cosas hubieran sido diferentes si las personas normales no hubieramos entregado el control total a los políticos de en turno, avariciosos y poco interesados en la justicia y el orden social. Hombres cuasi cerdos que se dedicaron totalmente al robo de capital mientras que la sociedad simplemente los observaba impotente.
Ahora que lo pienso, que nos maten a todos, que nos lo merecemos por dejarnos pisotear.
Extracto
Celebremos pues a la muerte, ya que ella no discrimina ni hace juicios de valor. Siempre justa e inamovible, la muerte es la cura para todas las enfermedades, es el consuelo de la tristeza, es lo que trae paz al miserable.
Celebremos a la muerte, ya que solo ella sabe cuando se acerca y ataca desde la oscuridad. Respetemosla y hagamosla parte de nuestra propia vida. Quien no ha pensado nunca en la muerte es alguien que no esta conciente de su propia vida.
El auto se alejó a toda velocidad de la escena. Había mucho humo y cenizas donde el monumento a Zapata solía encontrarse. Las personas que vivían cerca fueron acercándose poco a poco, cubriendo con sus palmas su boca, horrorizados con la imagen que se encontraba frente a sus ojos, algunos, incluso, portaban lagrimas que de deslizaban por sus caras. “Tenemos que castigar al culpable”. Gritó un hombre con ferocidad.
Al final del pasillo estaba el espejo de la abuela. Un espejo grande y ovalado con molduras de oro que le daban una apariencia Victoriana. Siempre me había parecido que existía un mundo detrás de ese espejo, escondía un secreto, un mundo lleno de colores y sensaciones, aunque pasara hambres y sufrimiento, nunca me habria importado el estar ahí. Cualquier lado era mejor que donde me encontraba.
El disparo los hizo levantar el vuelo. Un enjambre de aves dirigiéndose a toda velocidad, tratando de escapar de cierto peligro que las acosaba. Un nido cayo al piso, rompiendo brutalmente la cubierta protectora de ese ser que se encontraba en tierna formación. Martha tomó los restos del cascarón entre sus manos y los frotó en su brazo, que presentaba una raspadura leve.
Estaban los tomatitos muy contentitos, cuando llego el fuerte y no se defienden. El fuerte comenzo a golpear con furia y determinacion a los tomates, quienes solo se limitaban a observar la masacre sin poder hacer nada al respecto. El fuerte seguia aplastando a los tomates entre sus manos, carcajeandose de su gran fuerza, cuando se da cuenta de que esta siendo observado por una fuerza superior.
Mercenarios Parte Uno
-¡Disparen malditos desgraciados, róbenme la poca vida que me queda y déjenme abandonado en este pedazo de tierra olvidado por Dios!
Dijo mientras abría sus brazos, formando una cruz con su propio cuerpo.
-¿Qué esperan para hacerlo? ¿O ahora resulta que les da miedo lo que puedan provocar con sus primitivos actos? Es mejor que se apuren porque si no, me voy a ir caminando de aquí, y si me van a disparar prefiero que sea de frente para que nuestras miradas se crucen y nunca olviden mis ojos.
Siguió gritando con potencia, pero los hombres no hacían caso alguno. Lo seguían observando, como si estuvieran esperando a que el solo se diera el tiro de gracia.