Lluvia en mi ventana.

Era un día nublado, tenebroso y frió. Me encontraba dentro de mi casa, observando el cuelo gris con tristeza. Me recordaba a los tiempos de invierno, pero sin embargo estábamos en tiempo de verano, y sorpresivamente, el sol llevaba ausente algunos días.

La noche se acercaba sigilosamente, como un asesino que acecha a su victima, esperando el momento justo para atacar por la espalda y darle muerte. Los carros, eran prácticamente inexistentes. La calle daba la impresión de formar parte de esas colonias americanas que salen en las películas de terror. La clase de películas donde a algún ocioso se le ocurre empezar a matar gente bajo una mascara ridícula.

Sonó un relámpago, el haz de luz ilumino la habitación en la que me encontraba por completo. Fui testigo, de extrañas formas que se reflejaron en la pared por un instante. Horrorizado vi caras de odio y desesperación. Con sus miradas dirigidas a mí. Sentí un miedo profundo, al mismo tiempo que mi cuerpo temblaba por escalofríos. Las caras desaparecieron al mismo tiempo que la luz del relámpago. No había razón para sentir miedo, mi mente solo le dio forma a las gotas de lluvia en la ventana. Trate de convencerme que no había nada fuera de lo normal esa tarde en mi hogar.

La luz del día llegaba a su fin, esfumándose como el humo de un cigarro, expulsado furiosamente hacia el cielo. Los últimos rayos de sol se perdían en el oscuro horizonte, y con ellos, mi última esperanza de leer algunas líneas de mi libro favorito. Me sigue sorprendiendo el hecho de no tener velas en ocasiones como esta, y mas me sorprende el ser tan dependiente de la energía eléctrica, esa cosa hermosa fue lo primero que huyo de mi casa al sonar el primer rayo, como si la hubieran amenazado de irse con una pistola en la cabeza.

La luna se precipitaba ya sobre mí, sentía que en cualquier momento se lanzaría con coraje sobre mi hogar para darme una explosiva muerte. Pero mis fantasías con la muerte perdieron importancia, todo se había vuelto color negro y yo sabia que algo aguardaba en los rincones y pasillos de ese lugar, que ahora yo veía como lugar de eterno descanso.

Seguí, por un largo rato, observando a través de mi ventana. Por suerte los faroles de la calle se encontraban iluminados. Eso me hacia pensar que no todo estaba perdido, y que esa noche no tendría que pelear con las tinieblas. La luz de los faroles me daba calor. Me hacia recordar tiempos donde no vivía solo y en perpetua paranoia, esperando siempre el terrible fin que me esperaba fielmente en el umbral de la vida, pero que de alguna manera demoraba mucho en llegar. OH hermosa Lucia, comprendo tu decisión de abandonarme, ¿Quién podría vivir con alguien tan pesimista y amargado como yo?

Recuerdos de tiempos mejores inundaban mi mente, meses fueron los que me acompañaste y durante los cuales me enseñaste lo que significaba amar a alguien. Todavía la recuerdo, siempre esperando que regresara a casa para abrazarme y besarme. Ella fue la única que logro comprenderme, pero al final fue demasiado para ella. Nunca fue competencia alguna para mis deseos de muerte, y ahora que lo se y me arrepiento de lo que hice, ya es demasiado tarde, ya no hay vuelta atrás. Decidí dejar todo por encontrar mi destino, y ahora que llama a mi puerta, no puedo ignorarlo y pretender que no esta ahí.

Continué recordando los viejos tiempos, abrazando una almohada con tanto coraje como tristeza. La luna continuaba observándome, mientras que la lluvia seguía cayendo torrencialmente. Parecía que nunca se detendría. Mientras continuaba yo confinado a mis recuerdos se precipito otro relámpago por entre las nubes. Se ilumino el cuarto de nuevo, y por segunda ocasión, divise a las caras que se reflejaban en la pared. Parecían gritar con coraje, como si fueran victimas de una injusticia y no pudieran hacer nada al respecto.

Las caras de fueron tan rápido como vinieron. Un instante que para mi duro horas. Se volvía intolerable la idea de que esas caras volvieran a observarme, volcando todas sus emociones sobre mi persona, y como si dios me hubiera escuchado, escuche un ruido fuera del cuarto.

Sentía una tremenda curiosidad sobre el ruido que acababa de escuchar hace algunos momentos. Habría sido algún objeto que resbalo y cayo al piso, tal vez fue también algún rato o algún bicho rastrero que andaba deambulando por la casa, dando tumbos en la oscuridad. Pero también existía una tercera opción, que me causaba más incomodidad e inseguridad que las dos anteriores, si, de seguro era eso. Era mi mente que no me dejaba descansar, trastornando y atacando mi integridad, haciéndome sufrir por todas mis acciones pasadas. Era como ser juzgado en el purgatorio, en espera de saber si iría al cielo o al infierno, pero sin tener el gusto de encontrarme muerto.

Tarde tiempo en decidirme, pero cuando al fin lo hice sentí un alivio tremendo. Si esa noche habría de morir, lo haría con un poco de valentía en las venas, eso y el hecho de que sentía desespero por saber cuando caería el próximo relámpago, de tan solo recordar las caras en la pared sentía un miedo y una tristeza enorme. Miedo por el coraje con el que me veían, y tristeza por saber que nada podría hacer yo para tranquilizar a esas almas en pena.

Cerré la puerta detrás de mí y avance cuidadosamente por el oscuro pasillo. No podía ver gran cosa y la única luz con la que contaba era con la que irradiaba la maldita luna. El miedo se convirtió en coraje al darme cuenta de que me seguía paso a paso y en un arrebato de odio, golpee la única ventana que me otorgaba vista al exterior. Ojala algún día la luna sintiera lo mismo que yo y se retirara del cielo nocturno para no volver jamás.

Continué maldiciendo a la esfera luminosa que se encontraba frente a mi, tan enfocado me encontraba en mi expresión de resentimiento que olvide el porque había salido de mi cuarto. Pero un relámpago oportuno, trajo los asuntos terrenales de vuelta a mi cabeza: “El ruido”, murmure.

Seguí avanzando por el pasillo, dejando atrás a la luna. Al llegar a las escaleras, no pude evitar asomarme hacia abajo. Sentí un nerviosismo tan fuerte, que la pierna comenzó a temblarme, como lo hace un sudamericano en la antártica. Volví a asomarme hacia abajo, con la determinación hasta el máximo, pero el resultado fue el mismo. Una exagerada ausencia de luz. No podía distinguir nada, inclusive los últimos peldaños de la escalera se volvían uno con la negrura de la noche. Me sentí a la orilla de un precipicio, y uno bastante algo, pensé que si bajaba las escaleras, caería en un abismo que me llevaría sin duda a mi poética y esperada muerte.

A pesar de tener una fijación extraña sobre lo que seria mi muerte, esta seguía causándome un sentimiento de malestar general. Al mismo tiempo que observaba la oscuridad frente a mi, repasaba en mi mente que esto era el momento definitivo. La tan esperada ocasión se convertiría en realidad al dar yo un paso en esas escaleras. Mi destino estaría completo y marcharía yo a los brazos de Morfeo para toda la eternidad.

Todo era demasiado perfecto, de hecho, todo era tan perfecto que parecía que algo no andaba bien, debía ser una trampa, hecha especialmente para darme un sentido de falsa seguridad. Era un engaño.

Esto me causo una molestia enorme. Así que alguien trataba de engañarme, pero no contaba con que yo era en extremo inteligente y me daría cuenta de esta farsa. Anticipándome a encontrar a alguien al finalizar las escaleras, posiblemente algún ladrón que pensó que yo seria presa fácil, tome un palo que se recargaba en la pared y me decidí a bajar y destruir cualquier cosa que se encontrara entre yo y mi muerte.

Baje las escaleras con el mayor sigilo posible. Al llegar abajo, comprobé lo que anteriormente había pensado; no podía ver mas allá de mi propia nariz. Empuñe el palo con fuerza, si yo no poda ver nada, mucho menos podría la otra persona que se encontraba en la casa. El ruido de la lluvia se escuchaba mas fuerte en la planta baja y al buscar la luz de los faroles me lleve una gran desilusión. No la encontré por ningún lado y llegue a la conclusión de que probablemente se descompusieron en toda la colonia por la fuerte lluvia y los constantes relámpagos.

Seguí caminando, agitando los brazos en la oscuridad, tratando de encontrar una guía en la penumbra de mi propio hogar. Por algunos momentos perdí la cabeza, comencé a abanicar con el palo, intentando golpear algo que, yo sabia que no se encontraba ahí. La desesperación subió desde mis pies hasta mi cabeza, golpeando y enterrándose en mí como una estaba lo haría en el corazón de un vampiro. Sentí temor y desesperación. Tenia ganas de llorar, algo que no venia a mi desde que ella se fue, la maldita se fue y me dejo solo.

Pero eso no importaba, ya nada importaba. Lance el palo con furia y solo escuche el sonido que hizo al caer al piso. Me tire de rodillas al suelo, cubriendo mi cara con mis manos, de daba vergüenza ver al nivel que había llegado mi obsesión con la muerte, aleje a todas las personas que quería de mi lado. Volví a plantear la situación en mi cabeza, estaba en la incorrecto, ellos me abandonaron a mi. Sabían de mi situación y así me aceptaron, momentáneamente al parecer. Todos son hipócritas, todos son unos falsos, fingieron quererme pero después me abandonaron. Continué ahogado en mis pensamientos, pero súbitamente me vi interrumpido por el flash de un relámpago. Me tomo por sorpresa, pero me permitió obtener una vista momentánea de donde me encontraba. Ahora lo recordaba, al bajar las escaleras topaba con la sala, y en mi desesperación e ira me quede estático en el mismo lugar. Me sentí algo estupido, ceder a mis sentimientos de esa manera, era el tipo de cosas que me enorgullecía no hacer.

Otro relámpago cayó por sorpresa e ilumino de nuevo la sala. Todo parecía estar en orden, a excepción de un pequeño detalle. Me pareció ver algo que entro en uno de los cuartos. Era en estos momentos cuando me preguntaba porque demonios me había deshecho del palo. El miedo volvió a mi, aun mas fuerte que antes. Me preguntaba si debía entrar o no, me intrigaba eso que había visto en momentos anteriores, la duda me atormentaba. Decidí esperar por otro relámpago, para tener cierta seguridad si se trataba de algo real o la imaginación me estaba jugando una treta, pero dios se mofaba de mí de nuevo.

Espere por un largo rato pero nada. No había respuesta por parte de dios o la madre naturaleza. Avance por la oscuridad con inseguridad. Debía encontrarme de frente a la puerta, así que estire un brazo para estar seguro. Y efectivamente, ahí se encontraba ella.

Tome la perilla con mi mano, la apreté con fuerza y la gire. Entre y cerré la puerta por detrás de mi y me prepare para afrontar mi destino. El cuarto estaba oscuro, me sentí en otra dimensión, era como si ya no me encontrara en mi casa, incluso en la tierra. El aire era muy denso y comencé a sentir mareos. Sentí miradas sobre mí, pero no lograba ubicar ojos algunos. El desespero me escupió con fuerza en la cara, el vértigo me hacia girar en todas direcciones y el aire denso me causaba dificultad para respirar. Sentí que mi vida estaba por llegar a su fin. Mis pensamientos me asfixiaban, la falta de oxigeno comenzó a causarme alucinaciones.

Me vi a mi mismo, acostado en un gran llano tapizado de pasto verde y un poco húmedo. Las nubes tenían formas elegantes y cada una tenía un nivel impresionante de detalle. El viendo corría calido y jugueteaba con mi cabello. Me sentía relajado por primera vez en mucho tiempo y sentí que podría quedarme ahí para siempre. Un sonido rompió con la paz que me rodeaba, empezó con una intensidad baja y luego fue subiendo de volumen poco a poco, hasta que se volvió insoportable. Abrí los ojos y vi la hora. Eran las seis y media de la mañana, ya era tarde.

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Published in: on marzo 7, 2008 at 6:43 am  Dejar un comentario  

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