Mercenarios Parte Uno

-¡Disparen malditos desgraciados, róbenme la poca vida que me queda y déjenme abandonado en este pedazo de tierra olvidado por Dios!

Dijo mientras abría sus brazos, formando una cruz con su propio cuerpo.

-¿Qué esperan para hacerlo? ¿O ahora resulta que les da miedo lo que puedan provocar con sus primitivos actos? Es mejor que se apuren porque si no, me voy a ir caminando de aquí, y si me van a disparar prefiero que sea de frente para que nuestras miradas se crucen y nunca olviden mis ojos.

Siguió gritando con potencia, pero los hombres no hacían caso alguno. Lo seguían observando, como si estuvieran esperando a que el solo se diera el tiro de gracia.

-Ya me lo esperaba. Ustedes son unos cobardes, no tienen los suficientes pantalones como para cometer esta desgracia, ya me esperaba yo una situación así. Cuando yo era joven los soldados tenían convicciones, patriotismo, estaban dispuestos a dejarlo todo por su patria, inclusive a su propia familia, su sangre si así le quieren llamar. ¿Y ahora que son los soldados? Un puñado de jóvenes que tiene miedo de jalar el gatillo por cuestiones morales estúpidas. En mis tiempos ustedes no habrían sobrevivido una sola semana, al diablo, ustedes habrían muerto en el primer enfrentamiento. Me dan asco y vergüenza.

Seguía sin recibir respuesta alguna. Comenzó a sentir que le estaba hablando a una roca, que nunca obtendría una respuesta por parte de esos hombres. Se desespero.

-Ahora resulta que tampoco pueden hablar. Son ustedes unos estúpidos, ¿Cómo es posible que hayan entrado a esta guerra sin siquiera poder expresar una maldita idea?

-Se puede ir, lárguese de aquí y nunca hable de esto que sucedió ahora.

-Claro que me puedo ir, no estaba esperando tu permiso, estaba esperando que dieras muestras de vida aparte de estar respirando. Yo me voy de aquí.

Comenzó a caminar hacia la ciudad. Seguía preguntándose la razón por la cual lo habrían querido asesinar, pero salir vivo de esto, solo daba muestras de su excepcional manejo de la palabra y su habilidad de convencimiento. Sin duda tendría que reportar esto con algunos amigos para que se castigara a esos hombres, no podrían salir impunes después de lo que acababan de hacer. Siguió avanzando despreocupado, pensando en que llegaría a su hogar a sentarse en la mecedora de su balcón a fumar, planeando la venganza contra los que intentaron hacerle daño.

-Ya esta como a unos 30 metros. ¿Cuánto a que no le das a esta distancia?

-¿Quieres perder tu cena de hoy?

-Mas bien creo que me voy a quedar con la tuya. Adelante, tienes un solo intento.

-Lo dices como si necesitara más.

El hombre seguía avanzando, despreocupado. Inclusive iba atento a sus alrededores. Observaba las flores, miraba volar los pájaros, era un día muy hermoso.

¡PUM!

Fue el sonido que hizo su cuerpo al azotar contra el piso. Seco como los árboles calcinados por el sol y olvidados por la lluvia de la zona, que en su época parecía sacarles la vuelta, como si no merecieran vivir.

-Buena suerte buscando que comer esta noche.

-Te detesto.

Los hombres continuaron avanzando entre los matorrales, sin mirar atrás y sin remordimiento alguno.

-¿Recuerdas tu porque nos encargaron matar a ese hombre?

-¿No fue porque se robo unos rifles de la bodega?

-Ese fue el que matamos ayer, recuerda que gracias a el tenemos municiones.

-¿Entonces no fue el que planeo la muerte de un general o algo así?

-A ese lo hallamos tirado con el estomago abierto, alguien llego primero que nosotros.

-¿Entonces el de hoy que demonios hizo?

-Eh… Nos dijo estúpidos.

-¿Estas seguro? No recuerdo haberlo escuch…

-Mira un conejo.

BANG

-No cambies de tema. ¿Por qué matamos a ese hombre?

-Bueno si lo quieres saber, no tengo más remedio que decírtelo. Escucha con atención. Ese hombre mato a mi padre y me dejo huérfano. Cuando comenzó la guerra estábamos en mi casa yo y mi padre cuando entro un escuadrón de la muerte nos amarraron y fue cuando entro ese hombre, nunca podría olvidar su cara. Acuso a mi padre de traición a la patria y lo fusilaron frente a mis ojos. Ese día jure que vengaría la muerte de mi padre, cobrando la vida de su verdugo. Fue por eso que lo matamos.

-Tú sabes que eso es una mentira y que ni tú te la crees.

-Bueno al demonio, ¿Realmente te importa tanto porque lo matamos?

-Realmente no, solo lo hacia por molestar.

-Gracias entonces, busquemos leña para hacer la fogata, esta a punto de anochecer.

La noche llego veloz y cortante. El lugar donde se encontraban se lleno de gritos y demás sonidos de animales. Apagaron la fogata y se dispusieron a dormir, creyendo fervientemente que al otro día tendrían una comida exquisita y no otro maldito conejo o coyote. La luna se retiro, haciéndole reverencia al sol y apartándose de su camino de luz.

-Despierta.

-¿Qué quieres tan temprano?

-Se aproxima una caravana.

-¿Y que supone que hagamos?

Mientras tanto, en el camino que se encontraba por debajo de ellos, la caravana avanzaba pacientemente.

-Señor, se alegraran mucho en la ciudad de que les llevemos las medicinas que necesitan.

-Si, el telegrama del hospital era urgente, al parecer ya ni siquiera les alcanzan las camas.

-¿Pueden escuchar eso?

-¿De que cosa estas hablando?

-Suena como si se acercara una estampida de toros.

-No creo que sea nada importante, ha de ser algún tren u otra caravana que lleva prisa.

¡¡BOOOM!!

-¿Nos habremos propasado con el tamaño de la piedra?

-Me imagino que solo un poquito. Vayamos a buscar lo que quedo de la caravana.

Ambos bajaron con cuidado, apuntando sus armas a todas direcciones esperando a que alguien saliera a emboscarlos.

-Parece que no quedo nadie.

-¿Y como llegaste a esa brillante conclusión?

-Pues, lo digo porque la roca aplasto completamente a la caravana. Si traían algo de valor se encuentra aplastado o hecho pedazos.

-Si parece que nos excedimos un poco con el tamaño de la roca.

-¿No se ve algún cadáver alrededor?

-Pues aquí tenemos… Ah… Un brazo.

-¿No alcanzas a ver de donde se desprendió?

-Pues no veo ningún torso cerca.

-Esta emboscada fue un fracaso.

-Al contrario, yo pienso que todo fue un éxito. Mira, nadie quedo vivo y solo somos dos.

-Pues si, el problema es que también lo que cargaban quedo hecho pedazos.

-¿Y que sugieres que hagamos?

-Pues podemos ir a la ciudad. Algo de valor debe haber ahí.

-Claro. Algo de valor, como nuestras muertes. ¿No has escuchado las historias? El que entra a una ciudad y no conoce a ningún habitante no sale vivo. Incluso nos podrían torturar y dejarnos desnudos encadenados a una roca, esperando a que algún animal salvaje llegue y nos coma vivos. Cualquier cosa derivada de esa idea es horrible para nosotros.

-¿Se te ocurre algo mejor?

-… Pero tú vas por delante.

-Llorón.

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Published in: on abril 7, 2008 at 12:37 am  Dejar un comentario  

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