El auto se alejó a toda velocidad de la escena. Había mucho humo y cenizas donde el monumento a Zapata solía encontrarse. Las personas que vivían cerca fueron acercándose poco a poco, cubriendo con sus palmas su boca, horrorizados con la imagen que se encontraba frente a sus ojos, algunos, incluso, portaban lagrimas que de deslizaban por sus caras. “Tenemos que castigar al culpable”. Gritó un hombre con ferocidad.

 

Y ciertamente, el monumento a Zapata recordaba a todos el combate a la esclavitud por el que habían pasado hace ya algunas generaciones, era un símbolo de la lucha contra la opresión y la búsqueda por la libertad que merecen todos los hombres, y por supuesto, su derecho a manejar sus tierras como ellos vean conveniente.

 

Era un monumento a Zapata, Conrado Zapata, un hombre que utilizando la fama de su apellido, esclavizó a una ciudad convirtiéndose en tirano, llevando a los habitantes a una feroz y sangrienta lucha por su libertad

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Published in: on septiembre 4, 2008 at 12:15 am  Dejar un comentario  

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