Extracto

Celebremos pues a la muerte, ya que ella no discrimina ni hace juicios de valor. Siempre justa e inamovible, la muerte es la cura para todas las enfermedades, es el consuelo de la tristeza, es lo que trae paz al miserable.

Celebremos a la muerte, ya que solo ella sabe cuando se acerca y ataca desde la oscuridad. Respetemosla y hagamosla parte de nuestra propia vida. Quien no ha pensado nunca en la muerte es alguien que no esta conciente de su propia vida.

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Published in: on abril 20, 2009 at 11:07 pm  Comments (1)  

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  1. Entre nacer y morir la poesía nos abre una posibilidad, que no es la vida eterna de las religiones ni la muerte eterna de las filosofías, sino un vivir que implica y contiene al morir, un ser esto que es también un ser aquello. La antinomía poética, la imagen, no nos encubre nuestra condición: la descubre y nos invita a realizarla plenamente. La posibilidad de ser se da a todos los hombres. La creación poética es una de las formas de esa posibilidad. La poesía afirma que la vida humana se reduce al “prepararse a morir” de Montaigne, ni el hombre “al ser para la muerte” del análisis existencial. La existencia humana encierra una posibilidad de trascender nuestra condición: vida y muerte, reconciliación de los contrarios. Nietzche decía que los griegos inventaron la tragedia por un exceso de salud. Y así es: sólo un pueblo que vive con total exaltación la vida puede ser trágico, porque vivir plenamente quiere decir vivir también la muerte. Ese estado del que habla Breton en el que “la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, lo pasado y lo futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo cesan de ser percibidos contradictoriamente” no se llama vida eterna, ni está allá, fuera del tiempo. Es tiempo y está aquí. Es el hombre lanzado a ser todos los contrarios que lo constituyen. Y puede llegar a ser todos ellos porque al nacer ya los lleva en sí, ya es ellos. Al ser él mismo, es otro. Otros. Manifestarlos, realizarlos, es la tarea del hombre y del poeta. La poesía no nos da la vida eterna, sino que nos hace vislumbrar aquello que llamaba Nietzche “la vivacidad incomparable de la vida”. La experiencia poética es un abrir las fuentes del ser. Un instante y jamás. Un instante y para siempre. Instante en el que somos vida y muerte, esto y aquello.

    Tomado del libro El arco y la lira de Octavio Paz.


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