Bajo la sombre de aquel valle verde fue cuando escuche por primera vez los graznidos de los gigantescos cuervos que habitan las rocosas montañas de los alrededores. Recuerdo claramente que me encontraba pacíficamente recostado bajo un árbol escuchando música en mi reproductor cuando el agudo sonido penetró la guardia de los audífonos. Apagué el aparato y busque a mi alrededor el origen de tan sobrenatural ruido.

Camine alrededor del árbol volteando hacia todas direcciones, pero en vano. Mi vista no me ayudaba mucho, pero al voltear al suelo vi de manera fugaz una silueta que me dejo helado. Una sombra me cubrió desde el cielo, pero al voltear solo me pude encontrar con los cegadores rayos del sol. Comencé a correr en dirección a mi hogar, pero con cada paso que daba sentía corrientes de viento que se acercaban cada vez más. Me refugié entre los árboles para tratar de tranquilizarme y el silencio comenzó a reinar en la zona.

Me puse nervioso porque podía escuchar los latidos de mi corazón y tanto silencio no era normal, ni siquiera el viento asomaba sus brazos por mis oídos. Me mantuve a la expectativa durante un tiempo que yo sentí que no terminaba, comencé de nuevo a dar los primeros pasos para escapar de ese terrible lugar, pero en cuanto sentí que el sol me golpeaba de nuevo el terror se apodero de mi ya que el sonido regresó de nuevo, y ahora con más fuerza.

Sali corriendo de la zona arbolada sin pensar en lo que pudiera pasar, y mientras avanzaba podía observar claramente las sombras que me seguían y rodeaban, fue en ese momento cuando sentí que mi vida estaba por terminar y puse todas mis energías en escapar de allí. En medio de la huida no me percaté de unas piedras que se encontraban en el camino y como vaca al matadero, me tropecé con una y caí bruscamente encima de la tierra.

Tardé momentos en volver a tomar aire para seguir corriendo, pero cuando levanté la vista frente a mi se encontraba una gigantesca sombra que me observaba fijamente. Me quede congelado durante varios minutos mientras la figura permanecía inmóvil, no movía siquiera la cabeza y sus ojos amarillos me hacían sentir que miraba fijamente mi alma. La criatura alzó sus alas y soltó un chillido agudo que provocó que las aves que reposaban en los árboles emprendieran la huida hacia un destino incierto.

Cubrí mi cabeza con mis brazos y me prepare para lo peor. Comencé a rezar mientras lagrimas brotaban de mis ojos, pensé que mi vida terminaría en cualquier instante y me arrepentí de todas las cosas que me propuse a hacer pero por flojera o indiferencia jamás realicé. Cuando abrí los ojos para ver a mi verdugo a los ojos una última vez, sentí un alivio tremendo al ya no encontrarlo frente a mi. Me paré y desempolvé mi ropa mientras esperaba a que bajara la adrenalina que corria por mis venas, comencé a dudar de si lo que había visto era real o un producto de mi cansada imaginación. Decidí entonces regresar a mi casa y no contarle a nadie lo sucedido. Ya emprendido el camino escuche de nuevo el sonido infernal, pero esta vez la sombra no se hizo presente.

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Published in: on abril 23, 2011 at 7:31 pm  Dejar un comentario  

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